Tal día como hoy, oscuro, medio lluvioso, parecidos estos veintiuno de noviembre.
Hoy me faltó ese pinchazo de mediodía, y menos mal... Hubiera estado más atenta que de costumbre a las señales que hábilmente me manda mi estómago, o el alma, si es que existe.
Dieciocho días de preocupación y para algunos de noches sin dormir y de días de duro trabajo fuera y dentro de la mente. De construir esperanza con cada suspiro. De crecerse y hacerse fuerte.
Una breve despedida en un papel blanco de rayas, es la única que recuerdo, todo lo demás una parafernalia de flores y pañuelos. Qué horror, cuánta gente y cuántas palabras fueron innecesarias. Esos kilómetros hasta llegar y ese silencio macabro… Eso a lo que el resto llama adiós.
Hace ya seis fue un día de lágrimas y un poquito de soledad. De dolor. De no querer crecer.
Seis después es un día parecido y muy distinto. Y aunque sé que las lágrimas ya no lo son y los recuerdos alegres pesan, hay alguien que se está acordando de ese veintiuno y de los dieciocho de antes. Alguien por el que te daré las gracias el resto de mi vida, lo más grande que tengo. Ella, tuya y mía. Cuídamela abuelo.
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