domingo, 12 de febrero de 2012

¿A que no sabes dónde ha ido hoy?


Él la esperaba en el parque, sentado en un banco, escribiendo sus nombres con una llave que rayaba la madera. Ella se despedía de su padre, salía corriendo del coche, cruzaba la calle y se sentaba junto a él. Los dos alejados de sus problemas, de alguna manera lejos de sus vidas. Estaban juntos y no hacía falta nada ni nadie más. Corrían, a veces robaban y siempre gritaban. Vestían vaqueros y chaquetas de cuero.

Sus quince rebeldes.

Jugaban con sus labios creando la envidia de todos los besos. Él estaba loco por su pelo. Ella simplemente estaba loca, se metía en la bañera vestida de calle para lanzarse a los brazos desnudos de él.
Les unía todo pero no hablaban mucho de nada. Un día él le dijo te quiero, ella siempre decía ahora no es fácil. Desordenando sus miedos se marchó corriendo, dejando atrás el lugar dónde solían gritar. Él la vio marchar con la certeza de que jamás volvería. 

Quince años después ya no son los ochenta. 



¿A que no sabes dónde ha ido hoy?

viernes, 10 de febrero de 2012

Tic-tac


Sí, me quedan cuatro años de la suficiente plasticidad y actividad neuronal como para aprender deprisa y sin grandes dificultades. Hay que aprovechar todo el tiempo sin desperdiciar un solo segundo de juventud. Un reloj inmenso implícito en los cuerpos nos dice cuando es la hora de empezar a hablar, a andar, a salir con amigos, a enamorarte… Con sus agujas va marcando el desarrollo de tu vida. Y sí, al reloj obviamente se le van agotando las pilas desde el minuto uno.
Da miedo pensarlo. Pero cuando en siete horas ves tanta vida, tantas vidas, siempre con problemas, algunos con problemas de ajuste en su reloj; es inevitable tenerlo muy presente. Tic-tac… cuatro años para pensar y poner en marcha lo que va a ser el resto de tu vida, por lo menos la profesional… que para la personal siempre hay tiempo de equivocarse… o no.