Dicen, y yo también lo pienso, que se escribe mejor cuando algo duele. En estos momentos mis dedos no son capaces de poner en orden, de nombrar, lo que pasa dentro de mi cabeza. Ni tampoco, por supuesto, lo que siente el corazón. Quizá existen umbrales de dolor, y si los sobrepasas ni siquiera puedes describirlo. Son días díficiles, y encima llega el otoño.
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