Y tú sin saber que ella se entretiene viendo tus fotos, porque ya es lo único que le queda.
Tranquilo.
Sin saber que a ella se le enfría el café cuando piensa que te va bien, que ya no la esperas, que ya no la sueñas…
En casa.
Sin saber que ella sale vestida de fiesta buscando bocas que sólo pueden beberle lo que le queda de tu amor. Ese que solo fue tuyo, ese que un día te juro ser para siempre.
Paciente.
Sin saber que a ella se le llenan los ojos de sal cuando te espera.
Caliente.
Sin saber que ella hace mucho que está helada, que ya nadie la abraza en invierno.
Seguro.
Sin saber que ella ya no le encuentra certezas a la vida desde que tu te marchaste.
Estable.
Sin saber que ella está tan perdida que ni siquiera se encuentra entre las sábanas de su cama.
Cuando teme perderte para siempre, cuando teme no volver a soñar. Cuando teme no poder abrazar otro cuerpo, ni querer otros labios, ni tocar otras manos. Cuando sola en su cama el techo se le viene encima y no puede respirar, ni pensar, ni actuar, sólo quedarse inmóvil esperando que el sol la despierte de nuevo para tachar otro día más en el calendario, el setecientos y pico después de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario